Lula salió del avión, respirando el aire cálido y pesado de Río, el tipo de aire que parecía presionar contra la piel, sofocante y cargado de humedad. Apenas había puesto un pie en la escalerilla cuando Roberto apareció detrás de ella, caminando con esa calma arrogante que lo caracterizaba, como si estuviera en control de todo. Al fondo, el chofer esperaba junto a la limo negra reluciente, el reflejo del sol golpeando el metal, una representación más de los lujos que Lula siempre había odiado.