Unos meses antes... Lula bajó del jeep del centro de investigación con una sonrisa amplia y despreocupada. El olor a sal marina aún impregnaba su cabello, y la brisa cálida del océano le revolvía los mechones que se escapaban de su coleta. Había pasado el día sumergida en su pasión, trabajando con delfines y tiburones en el proyecto de preservación marina de Río. Como bióloga.marina, era el tipo de trabajo que amaba; y en ese lugar podía olvidarse del apellido Da Silva y de todo lo que implicab