Pauline despertó lentamente, con los ojos pesados y la cabeza pulsando. A su alrededor, la confusión y el caos reinaban, pero todo lo que podía pensar era en una sola cosa. —Marilia… ¿Dónde está Marilia? —preguntó con la voz temblorosa, sus manos aferrándose al brazo de Brad, buscando apoyo mientras trataba de incorporarse. Brad, aún perturbado por lo que acababa de suceder, apretó los labios, su mirada llena de angustia. —Se la llevó... Ese hombre se la llevó —respondió con la voz baja, apenas