Luego de ese ácido intercambio, me alejé de Norman con una sonrisa satisfecha en mi rostro mientras aún escuchaba los fuegos artificiales y el bullicio a mi alrededor. Pero en ese momento no me importaba. Me sentía poderosa, me sentía vengada, me sentía reivindicada. Finalmente, había podido demostrarle que no era la niña inocente y débil que él creía que era. MALDITO BASTARDO. Pero mientras me alejaba, no pude evitar sentir una especie de electricidad en mi piel. Era como si el simple contacto