Con una sonrisa juguetona, la hizo girar sobre su estómago, acomodando una almohada bajo sus caderas para elevarlas. —¿Qué… qué haces? —preguntó Lula, su corazón latiendo con fuerza. —Te prometí un gran alivio, ¿recuerdas? —murmuró Brad, mientras acariciaba su trasero con suavidad. Lula tragó saliva, y lo miró de costado. Brad no perdió tiempo. Después de acomodar la almohada bajo sus caderas, sus manos comenzaron a recorrer la curva de su espalda, bajando lentamente hasta sus nalgas, donde se