Roberto sonrió, percibiendo que estaba ganándose su confianza. Su voz se suavizó aún más, casi un susurro cargado de deseo sexual. —Vamos, bonita. No solo hablo de dinero. Hablamos de placer, de algo que nunca olvidarás —dijo, sus manos recorriendo su cintura con más firmeza, su mirada fija en los ojos de ella. Ximena dudó por un momento. La propuesta era tentadora, y había algo en la intensidad de su mirada que la atraía de una manera que no podía explicar. Con un suspiro, decidió arriesgarse.