Ekaterina se paseaba descalza por su apartamento, perdida en sus pensamientos mientras jugaba con un mechón de su cabello. Sabía que Norman era un hombre difícil, esquivo y con una muralla de hierro a su alrededor. Pero ella nunca había sido de las que se rendían fácilmente. Desde la primera vez que lo vio, supo que sería un desafío. Él no era como los demás hombres, que caían rendidos con un par de miradas o una sonrisa insinuante. No, Norman era frío, calculador y siempre tenía una respuesta