Mientras la lluvia caía con insistencia sobre el asfalto, Olivia conducía por las calles nocturnas en su sedán. La carretera, iluminada por los faros de otros vehículos y por la intermitencia de luces urbanas, parecía un espejo líquido que devolvía reflejos de un pasado confuso. Cada gota golpeaba el parabrisas con un ritmo casi hipnótico, acompañando el latido acelerado de su corazón, que aún recordaba vívidamente lo ocurrido en su sueño con Norman. Aquella ¿pesadilla?, llena de reproches y si