La sonrisa de mi madre se fue borrando poco a poco. Se quedó mirando perpleja la pantalla del computador sin decir nada, como perdida en otro mundo. Luego, revisó atenta su celular varias veces para asegurarse de que no era una llamada falsa. Finalmente, agarró las llaves del auto y se preparó para salir.
Ya en el auto, llamó a casa. Una vocecita tierna contestó:
—Mami, ¿cuándo vas a volver? Te extraño mucho.
El rostro de mi madre se enterneció al instante, y respondió con cariño:
—Yo también