Así fue como sucedió: después de que Emiliano me ató a una enorme roca y me golpeó, aún estaba consciente. Poco a poco, me di cuenta de que todo a mi alrededor se desmoronaba. Con desesperación, traté de desatar las cuerdas que con fuerza sujetaban mis pies, pero no lo logré. La tierra comenzaba a filtrarse, imparable, por mi nariz.
En ese instante, mis gritos de auxilio resonaron en la oscuridad, clamando de manera instintiva por mis padres. Sin embargo, mi padre yacía dormido, abrazado a su es