El sonido insistente de mi celular se coló en mis sueños como un latigazo. Abrí los ojos de golpe, desorientada, con el corazón latiéndome tan fuerte que por un segundo pensé que algo grave estaba pasando. La sala estaba casi a oscuras, apenas iluminada por la luz tenue que entraba desde la ventana. Sentí un tirón agudo en el cuello cuando intenté incorporarme; me había quedado dormida en el sofá, rodeada de papeles, libros abiertos y mi laptop aún encendida, con la pantalla iluminando una mita