Narrador
Nueva York
El club estaba lleno esa noche.
El humo de los cigarrillos formaba una neblina espesa bajo las lámparas bajas, y el sonido del contrabajo vibraba como un pulso lento, casi íntimo. El jazz no pedía permiso: se deslizaba por las mesas, se colaba en las copas de whisky, se enredaba en las miradas largas y en las manos que se buscaban bajo los manteles.
Elena cantó como si el escenario fuera un refugio.
Vestía de negro está vez, muy congruente con su ánimo, un vestido que se ceñ