Me quedé admirando mi imagen en el espejo del baño por algunos minutos, no podía dejar de mirarme, me veía muy bella, la ropa era preciosa y el maquillaje me hacía lucir más mujer.
Contuve las lágrimas, me animé a sentirme mejor, salí del baño, él me esperaba.
—Estás preciosa, esta vez si me vas a creer.
Me eché a reír y afirmé.
—Con ropa bonita y maquillaje cualquiera.
—Qué necia eres, estás bellísima
Negó con la cabeza.
Me abrazó a él y le correspondí pegando la cabeza de su pecho.
—Eres