Me sentía ridícula, tonta y sin valor, además de haber escuchado lo que escuché, se lo dije, me limpié la cara, él no dejaba de mirarme y seguirme, subí a por las escaleras, me alcanzó.
—Caroline, lo siento mucho.
—No se preocupe.
—Debiste oírme —dijo.
Dejé de subir las escaleras, me giré y los ví a los ojos, le sonreí.
—No lo tomé a mal, se lo aseguro, es solo que, ya me lo había dicho, siento que no he vivido y tiene razón, adoro a mis hermanos y los cuidaré toda la vida, pero siento que debo