Capítulo 37. Adam

Adam se miró las manos cubiertas de sangre, y sintió como si no fuera él mismo, como si fuera un espectador de aquella horrible situación. Intentaba presionar la herida abierta del pecho de su hermano, pero de nada servía, y una voz en su interior se lo gritaba.

- ¿POR QUÉ?

La voz de Adam fue un grito furioso que ni siquiera fue totalmente inteligible, porque sintió como su lobo enfurecía y se hacía con el control de su cuerpo. Se convirtió a toda prisa, sin preocuparse por el reguero de ropas
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