17. Sarah

Adam llamó a la puerta de la habitación media hora más tarde, y la guió hasta el lugar en el que se encontraba la vigilante de la manada. Sarah no sabía como había esperado que fuera, pero desde luego no así.

- Hola, soy Beatriz, pero puedes llamarme Bea, tú debes de ser Sarah.

- Si soy yo.

Sarah se subió en el asiento del copiloto, y no supo que más decir, Beatriz era una impresionante belleza de metro setenta de altura, curvas de vértigo, y una melena negra como el azabache que se descolgaba
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