18. Adam
Adam se había tumbado en la hierba un rato, y Sarah, que se había echado junto a él, estaba profundamente dormida, con la cabeza apoyada en su pecho. El lobo observó su pelo oscuro aún mojado cayendo por su espalda, los pechos que se apretaban contra su torso, y las pequeñas piernas que se enroscaban a su alrededor. Tuvo que contener un gemido de dolor cuando sintió como ella se movía, y su dulce cuerpo se frotaba contra el suyo; en ese momento, y a pesar de que hiciera pocos minutos que la hab