Capítulo Trece.
José Gómez.
Y no puede ser.
El muy gran hijo de mierda cómo llegó a dar con la cabeza de su mujer, su llamada me advirtió en debo llevarme a Juliana lejos de aquí, la miré y sus ojos están anegados en lágrimas.
Escuchó todo, está conmovida.
Pero me vale madres lo que sienta ahora, debo sacarte.
Me acerqué a la ventana de la sala de la cabaña y aún no arriba Roberto.
Lleva quince minutos de retraso.
Debo actuar ahora, no esperaré a que arribe, sé que Francesco es muy ágil en esto.
Desde muy jove