Filipo tenía los nervios de punta. Escuchar que Amália se marchaba lo dejó completamente fuera de control. Estaba convencido de que todo era culpa de André, que estaba manipulando a su esposa para hacerla abandonar la casa y así conquistarla.
—Amália, aunque haya firmado esos malditos papeles, no voy a dejar que te vayas, ¿me oyes? —gritó alterado.
—Entonces te llevaré ante la justicia. Si no firmas el divorcio, puedes estar seguro de que iré hasta el fin del mundo para obligarte a hacerlo —res