—¿Cómo que así, Lisa? —preguntó aturdida.
—Bueno, no estoy apoyando lo que hizo tu marido, pero debes saber que dejarlo ahora es lo mismo que ponerlo en una bandeja y entregárselo a esa desgraciada.
—No sería tan malo. Después de todo, serían dos personas sin escrúpulos juntas. Uno merece al otro.
—Amália, ¿acaso no amas a tu marido?
La pregunta tocó su punto más vulnerable. Si decía que no, estaría mintiendo. Pero, ¿de qué servía el amor si no iba acompañado de respeto?
—Lisa, voy a confesarte