A la mañana siguiente, cuando el primer rayo de sol iluminó la sala de la casa, Filipo despertó sintiendo un delicioso perfume a su lado. Estaba abrazado a su amada; su largo cabello caía sobre sus brazos. Los recuerdos de la noche anterior acudieron a su mente. Ella era perfecta, la mejor de todas. ¿Cómo había tardado tanto tiempo en tenerla así, entre sus brazos? ¿Cómo había sido tan tonto buscando tantas mujeres por la calle sin darse cuenta de que la mejor estaba dentro de su propia casa? A