Después de pasar horas sentada en Central Park, decidí que ya era hora de volver a casa, ya que parecía que alguien me extrañaba mucho.
Una risa irónica estuvo a punto de escaparse de mis labios cuando vi que Filipo me llamaba insistentemente y, al no obtener respuesta, me había enviado un mensaje preguntando dónde estaba.
Ya lo había leído desde la barra de notificaciones, pero para ponerlo aún más nervioso, lo abrí y no respondí.
Cada oportunidad que se me presentara haría que probara una dos