Eliza
Lo había besado y se había sentido colosal.
No lo planeé. No hubo estrategia, ni razonamiento detrás de ello. Simplemente me dejé llevar por su cercanía, por la intensidad de su mirada y por su maldito aroma, ese que me desarmaba sin remedio. Después de ese casi beso en la cocina y la forma en que se fue, había decidido dejarlo estar. Mantenerme firme en lo que esto realmente era: una farsa.
Pero tenerlo tan cerca nubló mí ya escaso sentido común.
Nada podría haberme preparado para la for