Bastián
Era algo tarde cuando volví a casa, agotado. Lo único que deseaba era darme un buen baño, comer algo rápido y caer rendido en la cama. Pero sabía que no sería tan sencillo.
Desde que Eliza se había mudado, mis días eran un maldito infierno. Y ya había perdido la cuenta de cuántas noches esta semana no había dormido bien. Porque ahora, en lugar de solo fantasear con ella en aquel vestido que la hacía ver simplemente irresistible, la tenía al alcance de mi mano.
Nunca antes, en todo el ti