Punto de vista de Tom
El reloj en mi escritorio marcaba las 2:47 de la madrugada.
Miraba el techo de mi estudio, contando los segundos entre cada tic-tac. El sueño no había llegado en tres noches. Cada vez que cerraba los ojos, veía esas fotos. El rostro de Aria. La habitación del hotel. Mi nombre en la lista de huéspedes.
Me serví otro whiskey. El vaso ya estaba medio vacío. O medio lleno. No recordaba cuál era la versión optimista.
Arriba, la luz del dormitorio de Aria seguía encendida. P