PUNTO DE VISTA DE TOM
Subí las escaleras de dos en dos, con el corazón latiéndome contra las costillas como si quisiera escapar.
La casa estaba demasiado silenciosa. Demasiado quieta. Como si contuviera la respiración.
Llegué a su puerta y me detuve, con la mano suspendida sobre la cerradura. Dentro, silencio absoluto. Ni llanto. Ni movimiento. Nada.
Apreté la mandíbula.
Me giré y grité por el pasillo:
"¡María!"
Pasos apresurados se acercaron. La ama de llaves apareció, con el rostro tenso por