PUNTO DE VISTA DE ARIA
Los dedos de Tom seguían aferrados a mi vestido.
La tela se clavaba en mi piel mientras me atraía más cerca, sin delicadeza, sin cuidado. Su mano temblaba, pero su agarre permanecía firme. El olor a alcohol lo envolvía, pesado y punzante, llenándome la nariz y la garganta. Su aliento rozó mi mejilla cuando se inclinó más, con el equilibrio perdido, el cuerpo tambaleándose.
—Habitación seis cero cuatro —dijo de nuevo.
Las palabras salieron de su boca lentamente, como si la