22. Lo que resta de verdad
En cuanto atravesé la puerta de entrada a la vieja bodega, aquella fría mañana, Evan se fue detrás de mí.
—Nos mudamos, Ivan. Las nuevas oficinas están listas, al menos mientras terminan de reconstruir el viejo edificio. Te estuve llamando todo el fin de semana, ¿en donde rayos te metiste?
—Estuve fuera de la ciudad.
—Ah —fue su escueta respuesta—, ¿sola?
—No, Evan, me fui con mi amante, un lord con el que he estado viviendo aventuras locas —respondí con sarcasmo.
—¿Es en serio?
Entorné