26. Aire y ángeles
Cuando abrí los ojos la resplandeciente blancura lastimó mi visión. ¿Estaba de nuevo en el cielo? Eché un breve vistazo al mismo tiempo que intentaba incorporarme apoyada en la escasa fuerza de mis brazos. Sentí un dolor punzante y me llevé las manos a la cabeza, entonces me percaté de que me habían canalizado y que el suero corría a través de mis venas.
La habitación estaba vacía, y con el corazón palpitante, eché de menos a mi dulce angelito de la guarda. Sí, me quedaba muy claro que Mike me