Después de hablar con los oficiales ―No puedo creerlo ―exclama exaltada, en cuanto termino de narrarle todos los hechos de la historia. Se levanta del sillón y se acerca a mi vieja―. Me encantas, abuela ―menciona Ángela al acercarse a ella con la mano levantada―, choca esos cinco.
La abuela, ni corta ni perezosa, hace lo que le pide. Chocan sus manos como niñas juguetonas y celebran el suceso como si aquello fuera una anécdota para contar a las generaciones del futuro.
―¿Qué les parece si hac