Después de terminar el desayuno y haber tenido una conversación de lo más entretenida, recogemos los platos y organizamos la cocina. Es increíble lo bien que nos hemos llegado a entender, en el poco tiempo que llevamos viviendo juntos. Nos movemos por el espacio con una coordinación que puede considerarse al mismo nivel de la de un equipo de nado sincronizado.
Sonrío con la comparación. Una vez que la dejamos como una tacita de plata, el teléfono comienza a vibrar dentro del bolsillo de mi pant