Juego de poder.
Llegar a la oficina horas más tarde fue como cruzar una línea invisible.
No fue cruzar solo la puerta.
Tampoco solo un pasillo o alguna frontera inexpugnable, pero si fue cruzar hacia un nuevo territorio desconocido.
Respiré hondo antes de entrar.
Me había preparado. Más de lo necesario.
Traje impecable.
Maquillaje preciso.
Cabello en su sitio.
Ni una grieta.
Ni una señal.
Ni un solo rastro de la mujer que la noche anterior había perdido completamente el control.
—Soy profesional —murmuré para