El mañana es otro día.
Abrí los ojos despacio.
La primera sensación fue el silencio.
Un silencio espeso, poco habitual. No el de mi departamento, donde siempre hay algún ruido lejano colándose por las paredes, sino uno más limpio, más… ajeno.
Demasiado perfecto.
Después llegó la luz.
Una claridad suave que se filtraba entre las cortinas, bañando la habitación con un tono cálido que dejaba claro que el día ya llevaba rato en marcha. No era temprano. Ni siquiera cerca.
Intenté moverme.
Grave error.
Mi cuerpo respondió