POV Dylan.
Mi día de descanso duró exactamente cuarenta y tres minutos.
Cuarenta y tres gloriosos minutos de silencio, café caliente y negación afectiva funcional antes de que alguien empezara a golpear mi puerta como si viniera a cobrarme impuestos o a practicarme un exorcismo.
Considerando mis últimas decisiones, cualquiera de las dos opciones era válida.
Solté un suspiro mientras dejaba la taza sobre la barra de la cocina.
Todavía llevaba una camiseta enorme y el cabello recogido de forma s