Piero observó el amanecer a través de la lente de su cámara y captó el preciso momento en el que un pájaro, sentado en una de las ramas de un árbol, extendía sus alas y saludaba al sol. Una mezcla perfecta de colores. El sol acarició al animal como si le estuviera regalando parte de su brillo. Había algo mágico en captar momentos irrepetibles.
Un disparo tras otro. Luego podría elegir la mejor fotografía entre todas.
El ave salió volando algunos segundos después y Piero tomó última foto antes d