Punto de vista de Valeria
La voz se desvaneció tan rápido que ninguno de nosotros pudo reaccionar y, por un instante, nadie habló mientras la torre de vigilancia abandonada parecía engullir el silencio por completo, dejando solo el viento inquieto raspando contra los muros de piedra agrietados. Apreté con fuerza la daga oculta bajo mi capa, pues cada instinto me gritaba que alguien nos observaba.
«Nadie se mueve hasta que yo lo diga», dijo el Alfa Diego en voz baja, levantando una mano sin mira