Punto de vista de Valeria
Los pasos se detuvieron bruscamente mientras contenía la respiración y, por un instante, me pregunté si los había imaginado.
Entonces se oyó un sordo raspado, como de piedra contra piedra, y también como si alguien se moviera tras la pared.
—Siguen aquí —susurré.
—¿Qué dijiste? —preguntó el Alfa Diego, girando la cabeza hacia mí.
—Ahí —señalé el tapiz descolorido que colgaba junto a la estantería vacía.
El colgante que llevaba escondido en la capa se había calentado co