Llegamos al restaurante, yo estaba lista para una cena deliciosa. Pero apenas entramos, se me fue el apetito. Joseph estaba ahí, con una mujer, besándola con descaro.
Me vio y puso expresión de arrepentimiento, no me interesó, me senté y ordene. Pero la bendita comida no llegaba a mi estómago, la comida había perdido su sabor.
— Déjame besarte. — Tenía a Luke tan cerca que su aliento
penetraban en mis huesos.
— No.
— ¿Quieres quedar cómo una débil ante él?
— Prefiero ser débil. A