Joseph.
Han pasado días y no he visto a Lidia en ninguna parte.
Estoy preocupado por ella. La extraño, y no debería, me hizo quedar cómo idiota frente a mis amigos, no sé si quiero verla para reclamarle o para aclararle.
¿Pero que le voy a aclarar?
¿Y por qué tengo que aclararle algo?
Ella es la que debería darme una explicación.
— No puedo creer que tuviera la cara para regresar. —
Escuché murmuraciones. Me di la vuelta y vi a Lidia caminando por los pasillos. Su mirada llena de fortaleza, soberbia y desprecio por los demás, su manera de caminar cómo si el suelo no la mereciera, todo en ella gritaba prepotencia. — Mírala. Sabe que fue un reto, pero todavía actúa orgullosa. — Lidia observo a la chica, está se encogió de hombros al instante.
— Yo fui un reto. Pero a ti no te miraría ni cómo eso. — Se burló. — Cómprate una vida, La necesitas, quizás así dejes de meterte en las ajenas. - Se dió la vuelta, me miró y sonrió, una sonrisa amarga y llena de desprecio. Paso