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En cuanto llegué a casa fui a darme una ducha. Me sentía asquerosa con la leche seca en la piel y no me hagas hablar del olor. Me costó lavarme el pelo dos veces y el cuerpo para deshacerme de él. Cuando salí de la ducha tenía la piel roja de tanto frotarme y el pelo más limpio que nunca.

Cuando llegué a casa lo único que quería era llorarle a mi madre por lo estúpida que era la vida, que me abrazara y me dijera que todo pasaría. Pero como no estaba, acabé llorando en la ducha y ahora me dirigí
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