El sonido atronador de mi despertador me hacía gemir y buscar a tientas el botón de repetición. Los despertadores eran lo peor que se había inventado. Claro que eran vitales para levantarse a tiempo, pero eso no significaba que no fueran lo peor del mundo.
Tuve la tentación de saltarme el despertador. Al fin y al cabo era viernes y no estaba de humor para aguantar tantos comentarios, pero la niña buena que llevaba dentro me decía que me levantara y me preparara. Por mucho que no quisiera escuch