En cuanto el reloj se acercó a las cinco empecé a ordenar las cosas. Guardé los libros, limpié el mostrador, anoté la caja y se la di a Helen, antes de coger mis cosas preparadas para irme a casa.
Después de despedirme rápidamente de Helen me dirigí a mi coche. Me moría de hambre y prácticamente oía mis pijamas llamándome a casa. Había sido un día muy largo y lo único que quería era sentarme delante de la tele. Por suerte mañana era viernes, así que sólo tenía que pasar un día más antes de esta