—¿Te aburrías? — Me preguntó.
Negué con la cabeza.
—No, Cher me entretuvo.
—Os hicisteis amigos.
—Se puede decir que sí—. Murmuré, riendo entre dientes.
—Está bien, dame unos minutos. Hemos terminado aquí—. Me susurró y volvió a encararse con el hombre. —Fue un placer hacer negocios con usted, Sr. Cane. Le veré el lunes—. Le estrechó la mano.
—El placer es todo mío. Sabes que no puedo decirte que no—. El hombre dice con toda seriedad y luego se gira para mirarme. —Esta podría ser tu mujer.
Cla