Capitulo 49

La lluvia golpeaba con suavidad los cristales del ventanal, pero dentro de aquella suite no había lugar para la calma. Las luces estaban bajas, la habitación impregnada de un aroma especiado y cálido, como si todo el aire hubiese sido invocado por un deseo antiguo.

Aurora estaba de espaldas al espejo, ajustando el tirante de una lencería negra con encaje francés. Su piel era una provocación constante. La melena dorada caía en ondas desordenadas por su espalda. Sabía que Akiro la observaba desde
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