La camisa de Marck se deslizó por sus hombros. Los dedos de Sandra recorrieron su piel, conociéndolo por primera vez, redescubriendo cada músculo, cada surco de su torso. Sus labios se separaron por segundos, solo para que Marck la mirara con la certeza de quien no piensa soltar nunca.
—Dime que eres mía. —su voz sonaba rota, vulnerable. Sandra deslizó sus manos hasta su rostro, acariciándolo con dulzura.
—Siempre lo he sido. —Marck exhaló con fuerza y en un solo movimiento, la levantó en sus br