Finalmente llegamos a casa. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo con tonos cálidos y dorados. Nikolae me brindó su amable ayuda para salir del auto, ofreciéndome su brazo como soporte mientras descendía. Cruzamos el umbral de la puerta principal y entramos a la sala. Mi mirada fue atraída hacia la mesa central, donde se encontraba una carta que capturó mi atención de inmediato. Su color rojo intenso era vibrante y llamativo. Pero lo que despertó aún más mi curiosidad fue el sello de ce