A medida que mis ojos se abrían lentamente, distinguí la figura borrosa de mi madre sentada junto a mi cama, sosteniendo mi mano con firmeza. Un cálido gesto de alivio se dibujó en su rostro al ver que yo despertaba. Sus ojos, enrojecidos e hinchados por el llanto, reflejaban la angustia y el sufrimiento que había experimentado. Su cabello canoso, usualmente bien cuidado, estaba desordenado, indicando que había pasado muchas horas sin descanso y dedicadas completamente a mi cuidado.
A pesar de