Llegué a casa exhausta, sintiendo el peso de la tensión en mis hombros. Cerré la puerta y dejé escapar un suspiro, deseando encontrar algo de paz en mi hogar. Justo cuando me estaba quitando los zapatos, el sonido del teléfono rompió el silencio. Era Vanessa otra vez, y aunque mi primera reacción fue ignorar la llamada, decidí contestar, esperando que fuera para aclarar las cosas.
— ¿Quieres continuar con tu drama? — le pregunté con cansancio.
— No, Sun. Perdona mi actitud. No tengo razón para