Me preparaba para dormir junto a mi esposo, cuando una extraña sensación de culpa comenzó a invadir mi ser. Me sentía desleal conmigo misma y con Andrey. Al acostarme en la cama, una mezcla de emociones me embargaba: el deseo desenfrenado que había sentido por Raven, y a la vez una conmoción interna por haberme permitido sentirlo.
Cada pensamiento fugaz que cruzaba mi mente se convertía en un latigazo de culpa, haciéndome cuestionar mi fidelidad y mi compromiso matrimonial. Las palabras dulces