Zoe
El taller de alta costura olía a tul, flores blancas y champagne. Frente al espejo de tres cuerpos, me contemplé en silencio. El diseño era una obra de arte: un vestido de corte majestuoso, con encaje delicado bordado a mano en la espalda y una cola larga que flotaba tras de mí.
—¡Mírate nada más! —exclamó mi madre con la voz totalmente quebrada, secándose una lágrima con un pañuelo de tela—. Si parece una princesa de cuento...